Vie. Dic 3rd, 2021

Crítica de Adiós, la película dramática de Paco Cabezas protagonizada por Mario Casas, Natalia de Molina, Ruth Díaz, Carlos Bardem, Vicente Romero y Mona Martínez. En cines a partir del 22 de noviembre de 2019.

 

 

Hay bastantes aspectos de Adiós que pueden traeros a la cabeza la serie de Enrique Urbizu para Movistar +: Gigantes aunque trasladando las coordenadas a otro enclave como es Sevilla. El tono y la brutalidad es la misma y nos movemos igualmente en la marginalidad, en el mundo del crimen urbano en el que el negocio de la droga y los enfrentamientos entre clanes familiares definen las relaciones de poder.

Gallego y jienense, Mario Casas y Natalia de Molina se han tenido que poner las pilas para parecer sevillanos imitando un acento que es en particular difícil y… no siempre lo consiguen. Con todo y con eso, es de agradecer su entrega y esfuerzo para introducirse en sus papeles, muy dramáticos, con los que sostienen la película.

Adiós es una película que habla de los conceptos de justicia, venganza y tradición.. Juan (Mario Casas) es un convicto que comienza a disfrutar de su libertad durante los fines de semana, después de pasar años en la cárcel cargando con la culpa de un delito que no cometió.

 

Tras la muerte de su hija pequeña en un accidente de tráfico, Juan acudirá a su brutal familia, los Santos, para aclarar lo ocurrido y hacer pagar a los supuestos culpables.

 

Mientras tanto, Eli (Ruth Díaz), la agente de policía a cargo de la investigación, tratará de evitar que el dolido padre se tome la justicia por su mano. El choque entre Eli y Juan por esclarecer la muerte de la pequeña, destapará toda una red de secretos inconfesables que pondrán de manifiesto la imposibilidad de reparar el daño causado.

La dirección de Paco Cabezas brilla especialmente en los momentos más líricos de una película muy visceral y sucia, en la que es difícil entrar y casi más difícil quedarse, a tenor de la forma en la que realidad y ficción se entretejen. Así, esa discusión entre Juan y Eli ante el enorme mural de Camarón, que fue de hecho condenado por imprudencia temeraria en un accidente de circulación en el que hubo víctimas mortales, une el que parece el grito del cantaor al del actor en un ejercicio metalingüístico tan incómodo con estéticamente elogiable dado que a pesar de que ambos miran en la misma dirección serían actores antitéticos.

 

Pero como decíamos es cuando Cabezas nos aleja del entorno para dejarse llevar por la poesía cuando más acierta: por ejemplo, en ese juego de miradas a través de las llamas de una fogata entre el padre y la hija ausente ya o esas miradas de soslayo al tatuaje temporal que inevitablemente se va debilitando, como los recuerdos y el tiempo pretérito, de hacer planes para una vida nueva que ya no tiene sentido.

No se puede hablar de Adiós sin reivindicar a sus secundarios como Vicente Romero o Consuelo Trujillo (qué papelón nos regaló como la Hermana Muerte de Verónica, ¿la recordáis?) y aquí es donde Mona Martínez se merece un monumento porque es su personaje el más gravitacional, feroz y formidable de cuantos habitan esta ficción: como matriarca y como guerrera, María Santos es la encarnación perfecta de la guardiana de la prole, la mártir voluntaria, y su papel la debería llevar de cabeza a recoger el Goya en la próxima edición.

 

Algún espectador despierto vería su pequeño rol en Terminator: destino oscuro, algo que ha quedado más como una anécdota que como un trabajo digno de mención porque como ella misma sostiene «se me ve más en el tráiler que en la película». Lástima ese talento desperdiciado…

Adiós es, en resumidas cuentas, una película con textura, amarga y cruda; se han sabido crear ambientes que no escapan para nada a la realidad, aunque bordeen lo teatral en su plasmación física, y sobre todo construir un drama criminal en el que las implicaciones personales superan con mucho a la corrupción y las peleas de bandas.

 

No hay vencedores en una película que roza lo kafkiano dejando al individuo huérfano ante un sistema podrido. Ese desamparo equipara esta Sevilla al desierto más inhóspito en el que no caben la esperanza o la redención.

Por _root_

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